Por: Edward Rojas | 25 Marzo 2021 | Twitter: @edwardztrader

CARLO PONZI, SÍ, EL DE LAS PIRÁMIDES

 

La historia de Carlo empieza en Lugo, un municipio de la provincia de Ravena en Italia. Un 3 de marzo de 1882 nació nuestro protagonista y sus biógrafos tienen dos versiones muy distintas sobre su infancia.

Unas personas lo describen como un joven estudiante, trabajador y ambicioso, pero otros como un vago al que su familia mandó a América porque ya estaban hartos de él. Sea cual sea la versión, lo que importa es que Carlo llegó a Estados Unidos con muchas ilusiones.

Aunque muchos prefieren creer algo entre las dos versiones, eso dejaría a Carlo como un estudiante de la universidad de Roma, amante de las fiestas y el dinero. Para centrarlo, su padre, un modesto cartero hizo un terrible esfuerzo para mandarlo a EE.UU. Carlo se instaló en Boston, y nada más llegar observó que muchos migrantes como él, eran dueños de inmensas fortunas y eso lo ilusionó mucho, y salió a buscar trabajo. El problema es que como no hablaba inglés, sólo pudo conseguir empleos con salarios muy bajos.

Y aunque fue ayudante donde pudo y lavó platos en restaurantes, de esa forma pudo practicar el idioma y pedir una oportunidad como mesero. Atendiendo mesas mejoró su inglés y cuando lo habló de manera fluida, se marchó a Canadá pensando que sería más fácil hacer fortuna allá.

Y en parte así fue porque gracias a otros inmigrantes pudo establecerse en Canadá, gracias a ellos también logró encontrar empleo en un banco, ver tanto dinero y no poderlo usar despertó una ambición inconmensurable en Ponzi.

Se olvidó de todos los que alguna vez lo ayudaron, ahora sólo se concentraría en sí mismo. Se sabe que en 1907 empezó a falsificar cheques y le robaba a ancianas esperando que nadie lo descubriera. Pero eso no pasó y fue enviado a prisión.

Luego de pasar unos meses encerrado obtuvo su libertad y se regresó a Estados Unidos, donde al ver a los migrantes, se le ocurrió que alguna vez él llegó sin nada, pero con muchas ilusiones, así que se acercaría a los recién llegados y los ayudaría como alguna vez lo ayudaron.

Y por ayudarlos me refiero a estafarlos, porque él sabía lo que era estar en su lugar y las debilidades de ese momento.

Era relativamente fácil hacer dinero en EE.UU. debido a la posición ventajosa en la que quedaron luego de la Primera Guerra Mundial.

El punto es que, por la crisis en Europa, muchísimas personas enviaban dinero a sus países de origen, Ponzi pensó que se podía aprovechar de la situación y compraba bonos para cupones (en Italia) y los vendía a dos o tres veces su valor en EE.UU., pero hasta aquí todo legal.

Lo único que hacía era ser una especie de intermediario, pero logró hacerse de una cartera de clientes que confiaban en él debido a su carisma.

Aprovechando el boom económico fundó la empresa “Securities Exchanges Company” en 1919, esta sería esencial para su estafa maestra.

Si han leído la historia de la gran depresión de 1929, entenderán por qué de 1919 a 1929 hubo tanta bonanza económica en Estados Unidos y por qué fue el escenario perfecto para que los clientes de Carlo creyeran retornos de inversión de hasta 50%.

Ponzi descubrió que, si le daba el dinero prometido a la gente, ellos invitarían a más personas y por eso su estafa funcionó, porque no te invitaba el estafador, te invitaba alguien cercano, con la promesa de que te tocaba un porcentaje de las ganancias de la persona que invitaras.

Bueno pues básicamente así son todas las estafas piramidales hasta hoy en día, aunque en algunas te pueden dividir por niveles para generar un sentido mayor de pertenencia, todas son básicamente lo mismo y el único que se hace millonario es el que esta arriba de la pirámide.

El error de Ponzi es que en realidad nunca invirtió el dinero, sólo se lo gastaba y lo reponía cada que algún nuevo miembro entraba, y aunque al principio eran muchos, con los meses el volumen de nuevos clientes disminuyó y cada vez empezó a entrar menos dinero.

Los clientes empezaron a sospechar y el rumor de que habían sido estafados empezó a circular por la ciudad, varios fueron a buscarlo, pero nadie lo encontró, y eso les confirmó la estafa. Decenas de clientes se manifestaron afuera de la compañía de Carlo.

Las cosas estaban saliéndose de control cuando de pronto llegó Carlo, despreocupado y con una enorme sonrisa. Compró café y donas para todos y les aseguró que sus inversiones estaban seguras, de hecho, les confesó un secreto… La verdad es que sí debía 4 millones de dólares, los rumores eran ciertos. Pero también les dijo que su fortuna ascendía a los 8 millones de dólares, que con gusto le regresaba el dinero a los que se quisieran salir.

Algunos pidieron su dinero de vuelta y ver que Ponzi les dio cheques tranquilizó al resto de clientes que se marchó satisfecho a casa.

Pero gracias a las investigaciones de Clarence Barron se descubrió que Ponzi sólo tenía 25 mil dólares y no 8 millones. Y esperen porque se pone peor, en realidad no debía 4 millones, debía 160. El negocio se acabó y con ello la posibilidad de que alguien recuperara su dinero.

Durante el juicio se mostró tan encantador que sólo cumplió 3 años de cárcel y fue dejado en libertad, pero había muchos estafados y de nuevo se fue a juicio.

Esta vez lo condenaron a 9 años y aunque salió antes, violó su libertad condicional y se escapó a vivir a Florida.

Estaba dispuesto a hacer más estafas, pero al salir de prisión se encontró con 2 cosas, la primera es que tras la depresión nadie tenía dinero, la economía apenas se estaba levantando, y la segunda cosa que encontró fue un grupo de manifestantes que quería lincharlo. La policía lo tuvo que defender de los que querían venganza, debido a ello y buscando en sus antecedentes quién podía ayudarlo, agentes del gobierno descubrieron que nunca se dio el tiempo de hacer los trámites para nacionalizarse Lo expulsaron del país y lo deportaron a Italia.

Ahí trató de empezar de cero, estableció su negocio de fraudes, pero la gente no tenía dinero, mucho menos confiaban en él, además venían de una terrible guerra (y se les venía otra peor).

Carlo terminó con un modesto trabajo en una aerolínea italiana que lo mandó a vivir a Brasil. Y llegó la Segunda Guerra Mundial, ya sabemos el papel de Italia en ella, de hecho, la aerolínea donde trabajaba Carlo cerró y en un mundo en medio de la guerra, le fue imposible volver a casa, mucho menos trabajo, por lo que el viejo Ponzi, empezó a vivir de la caridad.

Y así fue hasta que murió en Rio en 1949, en un hospital de la caridad y sumido en la más absoluta pobreza.

La gente que creía que iba a ganar dinero fácil jamás recuperó su dinero, tampoco se volvió millonaria, ni ninguno de los que invitaron al negocio, todos fueron engañados.

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